
"El hombre que no tiene la más pequeña capacidad filosófica vive preso a los preconceptos derivados del sentido común, de las creencias habituales de su época o de su nación, y de las convicciones que se formaron en su mente sin la cooperación o el consentimiento reflejado de su razón. Para tal hombre el mundo tiende a tornarse definido, finito, óbvio; los objectos vulgares no levantan cualquier pregunta y las posibilidades invulgares son desdeñosamente rechazadas. Asi que comenzamos a filosofar, por el contrário, verificamos que mismo los objectos más comunes llevan a problemas a los que sólo podemos dar respuestas muy incompletas. Aunque la filosofía sea incapaz de decirnos con seguridad cual es la respuesta verdadera las dudas que levanta, son capaces de sugerir muchas posibilidades que alargan nuestros pensamientos y los liberan de la tirania de la costumbre. Asi, a pesar de que disminuya nuestro sentimiento de seguridad cuanto a lo que las cosas son, la filosofía aumenta mucho nuestro conocimiento de lo que pueden ser; elimina el dogmatismo un tanto arrogante de aquellos que nunca viajaran en la región de la duda libertadora y, al mostrar las cosas que son familiares con un aspecto invulgar, mantiene viva nuestra capacidad de admiración."
Bertrand Russell, Los problemas de la filosofía.
